Etapa 4. Caldas de Reis - Padrón

Empezó el día como en mis mejores momentos. Cuando llevo unos 300 metros de recorrido, me doy cuenta de que no llevo la concha de peregrino... vuelta al albergue.

A mitad de recorrido, paro a tomar café, sello la credencial en el bar y muy dispuesto sigo el camino, y a otros 400 o 500 metros adelante, me da por mirar la mochila y "no me lo puedo creer!!!", mi credencial no está!!!! Vuelta sobre mis pasos y allí que estaba.

Pero aún hay más!!! llego al albergue en Padrón y ni la sudadera ni el pantalón del chándal!!! Pero que me ha pasado hoy!!! Por favor, que cabeza la mía. Suerte que me van a dejar mañana las prendas en el último albergue.


Veo en estados y demás en redes de amigos y familiares que en Málaga está cayendo el infierno, y uno desde por la mañana con un fresquito del bueno, además de muchas cosas más, una semana sin torrarme no me ha venido mal.

Camino tranquilo, muy bonito, mucha agua y verde como siempre. Sigo maravillado de cómo cambia el paisaje de un lugar a otro.

Demasiados años sin viajar de verdad, de salir a ver otros lugares y conocer personas distintas, de otras latitudes.

Ahora tengo frente a mí a un joven japonés, que no tiene más de 20 años, tomándose una coca cola en el albergue, blanco como Iniesta, que ha venido a estos lares a hacer el Camino... y yo he esperado 48 años.

Menos mal que la vida es un continuo, que creo no tengo que tomármela como un punto y aparte y menos vivir de lo pasado ni en lo pasado. Lo pasado está ahí, que he de abrazarlo porque ha sido mi vida, y ni un segundo de lo que he vivido lo rechazo.

Ahora solo pienso y quiero pensar y soñar en el futuro, en las cosas que quiero hacer a partir de ahora y con quienes lo quiero hacer. Con quién yo quiera y me quiera. Mis hijos, mi familia y los amigos que tengo, que han de perdonarme la mayoría, no he cuidado lo suficiente en mucho tiempo pero que prometo estar más ahí. Os quiero, sabéis quienes sois a los que quiero y adoro y deseo estéis a mí lado en este camino que estoy recorriendo por un nuevo sendero.

El día ha terminado acudiendo a misa y oyendo un rato un concierto en las puertas de una iglesia donde un grupo que canta en gallego tocaba una mezcla entre jazz y música gallega.

Enseñanza del día. Tranqui, que casi todo tiene solución.

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