Etapa 3. Pontevedra - Caldas de Reis
Y por fin me llovió. Dos chaparrones a 7 kilómetros de Caldas de Reis nos han puesto a los peregrinos bien de agua. Suerte estaba teniendo, pero no se puede esquivar siempre el agua por estos lares.
El trayecto precioso. Muchas zona de campo y poco, muy poco asfalto. Además de la vista, los pies lo agradecen.
Los parrales que he visto en muchos tramos son una maravilla. A los amantes del vino, normal que os guste tanto los Alvariños y demás blancos del norte, de estas cepas no puede salir nada malo.
Caldas de Reis es un pueblo pequeño, con cierta vida, y seguro que sobre todo la que le dan los peregrinos cada día. Lugar de balnearios, he podido poner las piernas en remojo de agua caliente y fría... no digo más.
Escribo estás palabras sentado en una plaza del pueblo, oyendo los parajos cantar y el chapoteo del agua del río Umia que pasa y corta el pueblo.
La tranquilidad no tiene precio.
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